Momentos ‘Gabs’ – Porque todos tenemos uno


Si pudiese explicar un momento ‘Gabs’ en imágenes, esta sería bastante acertada

Todo empezó cuando llegaba a la casa de mi suegra en Viena, Austria para asistir a la boda del mejor amigo de Axel, mi chico. Como de costumbre recibí el pack de bienvenida: 8 grados (¡y eso que tuve mucha suerte!), lluvia y, el broche de oro y condecoración principal de mis viajes a esta histórica tierra de sabores salchichescos y sonidos agudos de ópera, una buena gripe. Este último regalo luciría fantásticamente con cualquiera de los vestidos maravillosamente veraniegos que escogí para la ceremonia de los novios; no quedaba duda.

La noche antes de la boda hice una pequeña encuesta entre amigos y familiares acerca de qué vestido veían más apropiado para el evento. ” El blanco y negro de flores bordadas, sin duda alguna”, dijo mi suegra, quien casi abraza y besa la prenda mientras suspiraba “Oh, ¡qué toque más cálido darías con este vestido!”. Luego, una amiga a quien nunca he visto fallar una sola decisión social en su vida me dio una respuesta aún más acertada; “si hay sol usas el blanco y negro con flores; si está nublado el violeta de seda, pero igualmente debo decirte que este vestido con flores es precioso”, comentario que, independientemente a las condiciones climáticas del día siguiente, ayudaron a alimentar mi vanidad hasta dejarla arrastrada y a punto de reventar por sobredosis de orgullo.

¡Llegó el día de la boda! Eran las 10 de la mañana y me encontraba gozando de la tranquilidad de haberlo dejado todo listo la noche anterior y del hecho de que la boda empezaba recién a las 2 de la tarde, por lo que me permití disfrutar de un buen desayuno y de admirar el talento de Axel en planchar mi vestido (felicito a mis suegros por este logro!), ya que mis dotes hogareños se limitan casi exclusivamente a la innovación culinaria. Cogí mi vestido perfectamente planchado y fui a cambiarme al dormitorio. Mirando atrás, puedo llegar a la conclusión de que deberíamos invertir dinero en el desarrollo de  bolas de cristal que predigan el futuro, porque qué bien nos vendría saber a veces el chistecito cósmico que nos espera a la vuelta de la esquina.

Acababa de poner la segunda pierna dentro del vestido y cuando empiezo a subir la cremallera oigo un claro y rotundo CRACK en el tejido. Adiós, 15 minutos de planchado perfecto; hasta nunca, intención ingenua de reparar la cremallera y, finalmente, bienvenido vestido violeta de seda arrugado que, ni siquiera teniendo el reloj de Hermione Granger para detener el tiempo, sería capaz de  tenerlo listo antes de la ceremonia. Qué podría condimentar mejor este momento que una buena lluvia y mi primera sangrada torrencial de nariz en mis 31 años de vida, a causa de la gripe. Por supuesto que para este momento ya tenía todo el maquillaje perfectamente acabado.

El castillo en cuestión…

Tras dos horas de viaje en coche, las cuales estimularon a mi vestido a alcanzar nuevos niveles y patrones de arrugas, llegamos a la boda. Los novios nos comunican que, como Axel era el padrino del novio y la novia no podía subir muchos escalones, seríamos los afortunados de disfrutar de la habitación nupcial del castillo donde se celebraría la cena. ¡Fantástico!… ¿o no?. A la mañana siguiente nos despertamos dándonos cuenta que, como de costumbre, no habíamos oído el despertador y teníamos tan sólo media hora para llegar al brunch dedicado a la pareja. Un pequeño detalle es que habíamos prometido al novio que “aprovecharíamos todas las bondades del dormitorio nupcial”, promesa que teniendo en cuenta las circunstancias horarias debía cumplirse en tiempo record.

Minutos antes de la tragedia…

Tras haber acabado de ….ejem…consumar la promesa, por completa sorpresa y como un misil guiado, me sale un estornudo sangriento que mancha por completo el albornoz (perfectamente blanco) que nos habían dejado como parte del “kit amor” de la suite nupcial. Axel, desnudo y desesperado, corre a mi auxilio intentando taparme los orificios nasales con una bola de papel higiénico (…y vamos creciendo en elegancia…) y así como un milagro divino pudimos salir  del castillo, a tiempo y desapercibidos, evitando tener que dar explicaciones sobre el incidente. Racionalizamos nuestro acto de desaparición con saber que la habitación ya estaba pagada y que no había necesidad de que ni nosotros ni nuestros amigos recién casados tuviesen que volver a aquel sitio. Cuán equivocados estábamos…

Ya en Barcelona, con la cabeza fría y la vergüenza bajo control, elaboré un email a los novios pidiendo disculpas por el caso del albornoz ensangrentado, por si alguna vez la historia llegaba a sus oídos. Mencioné que lo sentíamos mucho y que nos ofrecíamos a dar cualquier explicación necesaria al propietario del castillo. Dos horas más tarde recibo la siguiente respuesta:

Hola Gabs:

Efectivamente nos hemos enterado del incidente del albornoz, ya que tuvimos que regresar al castillo a recoger nuestros regalos. No os preocupéis por lo sucedido porque según el propietario, con los calzoncillos de Axel que encontró en la cama nupcial envueltos en una toalla junto a una bola de papel higiénico ensangrentado, habéis creado la mejor historia de amor que esa habitación haya vivido jamás.

Gracias por haber hecho historia en mi pueblo. Os esperamos siempre.

… y así es como pasamos a ser conocidos como los Bloody Sweeties del castillo de Graz. Dignidad CERO pero…¿qué noble realmente la tiene? 😉

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2 pensamientos en “Momentos ‘Gabs’ – Porque todos tenemos uno

  1. JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJAJJAJAJAJ…….. To avoid criticism: be nothing, do nothing, say nothing…… I rather get criticized and make history….. Bravo Bloody Swetties !!!!

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