Lección de vida con sabor a pollo y canela

Una última cucharada de la deliciosa sopa de pollo que había preparado para el almuerzo y ya estaba lista para el mejor momento de cada comida; ¡el postre! Con una sonrisa pícara fui al estante de los dulces y saqué de una de las cajas de la sección saludable el último bizcochito de avena y canela que casi parecía susurrarme frases sugerentes de lujuria gastronómica.

Con el mismo deleite de siempre, volví a leer su envoltorio para recordar una vez más de sus deliciosos ingredientes y, pensando en la limpieza de la casa, (más bien en la pereza de no tener que sacar otro plato limpio para un simple bizcochito, o bien llenar la mesa de migas que luego se convertiría en un trabajo “post placer dulce”) decidí abrir la tapa de la cesta de la basura y abrir el paquete directamente allí. Todos los golosos saben que la gloria de comer un dulce no sólo viene de ingerirlo, sino de experimentar la sensación de mirarlo, de abrirlo, de desenvolver el papel que lo conserva, de intentar descifrar su composición por el aroma que desprende…

Todo estaba listo. La tapa de la basura estaba abierta y ya tenía las manos tocando los bordes dentados de uno de los extremos del plástico para poder abrirlo de un tirón. Uno…dos….tres… ¡a romper el envoltorio! Final feliz? Sólo en mi fantasía dulcera. Mi ansiedad por llegar al bizcocho fue tan grande que sin pensar que la presión para abrirlo era importante para el éxito de la misión, mi tesoro salió del paquete, dio un salto mortal hacia arriba digno de admiración de cualquier acróbata del Cirque du Soleil, para luego aterrizar en la sección orgánica de la cesta, junto con la montaña fresca de cenizas de tabaco, el último trocito de queso Roquefort del pica pica de la noche anterior y la piel del pollo, aún húmeda y flácida, que había sacado de la sopa que había preparado para el almuerzo.

Con mi mente en blanco, las manos encima de la cesta de la basura y la mirada clavada en la piel de pollo que abrazaba impúdicamente a los copos de avena que decoraban mi bizcocho que yacía inerte de sabor en la superficie de la sección orgánica aceptaba la lección del destino, ya que ningún sacrificio puede venir sin una lección de vida, claro está. Este consejo para el buen vivir fue:

No pongas tu energía en pensar en los factores que condicionan a que tengas una experiencia completa de placer. Concéntrate en el placer en sí, en lo que él te produce, en el momento en el que lo estás disfrutando. No importa si llenas la casa de migas, o tengas que lavar un plato más. Saca ese bizcocho del envoltorio abriéndolo con los dientes y con las manos al mismo tiempo; experimenta tu instinto animal y come alguna que otra vez con la boca abierta. ¡Rompe un plato o dos si es necesario! Pero, por sobre todo, atrévete a sentir una sensación diferente cada vez que vayas al estante de los dulces, redescúbrelos mil veces. Así verás que cada vez será como la primera vez… y todos sabemos que la primera vez es siempre memorable. 😉

Anuncios

5 pensamientos en “Lección de vida con sabor a pollo y canela

  1. Hola!!!
    Me perdí, sos de barcelona viviendo enParaguay, a no, no sos de Paraguay viviendo en Barselosa y vas a tener hijos hasta cubrir todos los continentes, jijiji
    Un abrazo de oso.

    • Veo que entendiste a la perfección lo que quiero hacer en la vida, yeeeeey! 😀

      … Aunque lo de los hijos, igual podrían ser unas mascotas, que las quiero por igual 🙂 Gracias por leerme!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s