Cada voto cuenta… ¡hasta el de una paraguaya!

Eran las 10 de la mañana del domingo 22 de este mes cuando me encontraba por primera vez ante las puertas de una oficina electoral de Barcelona. Mientras buscaba mi documento de identidad, no pude evitar pensar que hace un par de años atrás me encontraba abriendo un sobre del departamento de inmigración que rechazaba mi petición de residencia, aún teniendo todos los requisitos necesarios para recibirla, acompañado por un código de ley que daba derecho al gobierno de reservarse el motivo por el cual me lo habían denegado. Dos años más tarde, y luego de eternas insistencias y apelaciones, recibo la carta de inscripción al padrón electoral con el encabezado de “querida amiga, ha llegado el momento de darnos tu valiosa opinión”… hmm…

Uno de los consejos más valiosos que me dio mi abuela para actuar ante este tipo de situaciones fue:

“no llores sobre la leche derramada, ya que si bien es una pena que la leche se haya desperdiciado, siempre habrán más ubres que se puedan ordeñar”.

Fueron estas mismas palabras las que me alentaron a aprovechar la oportunidad de hacer valer mi palabra como ciudadana y encontrarme ese domingo junto a todos los abuelos del barrio buscando el DNI en mi caos de bolso en frente a la puerta del centro electoral. Creo que no existe país en este planeta que pueda decir que su gobierno funciona como debe ser y mucho menos que trabaje siempre a favor del ciudadano, pero está en cada uno de nosotros el luchar por defender nuestros derechos, así como cumplir con nuestra obligación de participar en la toma de decisiones que nos afectan a todos en conjunto. De esta manera nadie podrá decirnos que la situación no cambia porque no hacemos nada al respecto.

¿Que los candidatos no valen nada? Ya lo sabemos. ¿Que el cambio no viene sin defender nuestros derechos? Pongámoslo en práctica. Los avances más significativos de la historia han venido siempre de la mano de aquellos que han sabido interpretar una puerta cerrada como una oportunidad de descubrir qué se siente entrar por una ventana…

…a lo que mi amigo Pablo Berríos respondería “¡ y así habrá nacido la puerta giratoria!” 🙂

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