La belleza de (detrás de) “La Boquería”

El Mercat de La Boquería es uno de los sitios más emblemáticos de Barcelona, y una de las paradas más deseadas por los turistas, ya que en él puede encontrarse un buen resumen de lo más representativo de la cocina catalana. Hay mucha gente no va a La Boquería a comer, sino por la explosión de colores que tanto la estructura del mercado en sí como sus pirámides de frutas y verduras, sus caramelos o “chuches” y hasta las escamas brillantes de sus pescados regala a los ojos del recién llegado a la ciudad.

Pero aquí no estoy para hablarles de algo que seguramente ya habrán leído en todas y cada una de las guías turísticas de Barcelona. Estoy aquí para contarles lo que se esconde detrás de esta celebridad de mercado; allí donde las calles están llenas de contenedores de restos de bellezas de días pasados y las calles se ven como otra calle cualquiera de algún otro lugar del mundo. Ayer pasé por estas calles y por primera vez me detuve a mirarlas con detalle. No sólo encontré un universo de formas y colores, que como amante del arte me dejó con el dedo índice dolorido de las tantas fotos que me puse a hacer, sino también descubrí la diversidad cultural que allí se encontraba, escondida detrás de un establecimiento que por su gran fama apagaba la belleza exótica que se encontraba detrás de sus puertas de carga y descarga. Esta son algunas de las experiencias que pude vivir detrás de los puestos decorados de la Boquería.

¡Alto ahi, vaquero!¡Alto ahí, juacháaaa!

Había un gran area de párking, donde se concentraba casi toda la acción. Ni bien pisé el “territorio post boquerense” quedé admirada con cómo los artistas callejeros habían transformado a los sencillos camiones de basura y de carga en verdaderas piezas de arte con ruedas. Las temáticas eran varias, muchas muy graciosas en donde se podía admirar, por ejemplo, a un brócoli luciendo su “afro” verde recién podado y a lado suyo una tajada de sandía que parecía sudar sus semillas al ver a tan galán brócoli a su lado. También dejé volar mi imaginación con la parte trasera de una furgoneta que ilustraba la historia de un plátano con gorra y pañuelo de vaquero temerario, enfadado con una salchicha entre panes que no hacía más que sonreír. ¡Al menos esta fue mi interpretación! Cada uno es libre de crear su propia historia. 🙂

Una conversación entre dos conductores de camiones cautivó mi atención. Estaban hablando del enterramiento neolítico hallado mientras se excavaba la propiedad contigua al predio del párking debido a una extensión de plazas para coches. Lo interesante de esa conversación no era la noticia en sí, sino la manera en la que contaban el gran hallazgo. Un hombre, llamémosle Juan, comentaba a Pedro (también por ponerle un nombre) dicho hallazgo:

Pedro, ¿no me pueo creé que no te habías enteráo de lo que había en ese abujero aquí a lao que aora nos loán tapao pa’que no miremo má? ¡Que han encontrao una calavera vieeeeeeeja vieeeeeeeja!, ¡de ahí por la era de los dinoaurios! Ahi con toda su cosita alrededó y todo. ¡En qué planeta vives, joé!

La excavación de la que hablaba Juan, con el célebre "abujero"La excavación de la que hablaba Juan, con el célebre “abujero” delimitado por una cerca amarilla

… me hubiese gustado que este hombre haya sido mi abuelo y que me haya contado a mí, de pequeña, la historia del “abujero” que los hombres malvados habían tapado para que él no pudiese seguir mirando la excavación. Si con la edad que tengo no podía dejar de oír cada detalle de su historia, no me imagino un niño sentado en su regazo escuchándola por primera vez. Debo mencionar que este señor a quien hemos bautizado Juan, cuando me vio haciendo fotos me pidió encarecidamente que me suba a un pequeño muro de concreto que dejaba ver el estado de la excavación del otro lado del muro de alumino que cubría la manzana entera para que por favor haga fotos del “abujero” para que pueda ver cuánto habían avanzado los constructores y los arqueólogos desde que él dejó de “inspeccionar” la obra. Cuando le enseñé las fotos me comentó que está todo igual desde hace meses y que eran todos unos “buenos pa’ná” y que ya no perdería el tiempo en dicha obra. Ya quisiéramos todos un inspector de obras como Juan.

Podría seguir contando anécdotas de este lugar mágico, pero prefiero dejaros con ganas de ir a visitarlo en persona para que luego me podáis comentar vuestra propia experiencia. 🙂

Barcelona es hermosa….y también lo es su gente.

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4 pensamientos en “La belleza de (detrás de) “La Boquería”

  1. Lindo blog, lindos posts y lindas fotos las de la Boquería,
    Me gusta cuando alguien empieza algo con mucha ilusión y me gusta participar de esa ilusión (me cuelo un poquito en ella) pudiendo dejar comentarios. Barcelona es una ciudad que tiene millones de cosas para ser descubiertas y ser contadas. Disfrutaremos los dos, tu escribiendo y yo leyéndote.
    Hasta la próxima!

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